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ROBAN EL ALMA AL GIGANTE DE ACERO

El día menos esperado decidieron ponerlo fuera de circulación. No rodaría más por la vía corta de Oaxaca. Era el final del ferrocarril, del progreso de los pueblos de la región Cañada. Hoy sigue agonizante. Por una parte, pobladores han saqueado la estructura ferroviaria; Ferrosur –la empresa concesionaria– se niega a reponer el material faltante, y el gobierno federal alega que eso es competencia de la empresa del multimillonario Carlos Slim. Mientras la disputa sigue, el ferrocarril va muriendo lentamente

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CUICATLÁN.- De pronto un día el ferrocarril dejó de rodar por la ruta Tehuacán-Oaxaca. Con los vagones, la economía de varios pueblos de la Cañada quedó inmóvil. El gigante de acero, con el pasar del tiempo, se oxidó. Las vías no conducían más que a la migración. La esperanza de progreso en los pueblos se desvaneció como el humo de las locomotoras.

De tener todo, ahora tienen nada. No hay empleos, no circula el dinero. El recuerdo de los buenos tiempos hace que las lágrimas broten con mucha nostalgia en tres lugares que antaño fueron esenciales en la vida del ferrocarril: San Juan Bautista Cuicatlán, San Pedro Chicozapotes y Tomellín.

A casi diez años del último viaje que realizara el ferrocarril sobre la vía corta, el regreso del gigante de acero parece cada vez menos posible debido al robo despiadado de material ferroso en estos poblados de la Cañada.

De los recuerdos invaluables que han quedado entre personas de la tercera edad, lo mismo surge la indignación por la venta de rieles como el ánimo de conservar todo lo relacionado con el ferrocarril al precio que sea necesario.

Cuicatlán, no obstante, ha dejado morir lentamente lo poco que quedaba del ferrocarril. Las hermanas Ofelia y Delfina Carrera Hernández han visto con el pasar de los años la pérdida gradual de la estructura ferroviaria que en otra época le dio todo a este municipio.

Ambas crecieron entre el movimiento de los trenes de carga y pasajeros. Tuvieron su casa justo frente a la Estación del Ferrocarril en Cuicatlán. Desde aquel hogar, Ofelia y Delfina miraban trabajar a su padre, don Gregorio Carrera Arroyo, quien fue empleado en el ferrocarril como bastidor.

Originario de Quiotepec, don Gregorio siempre estaba listo para bajar la carga de los furgones que, muchas veces, era mercancía proveniente del vecino estado de Puebla.

La gran cantidad de gente que llegaba o pasaba por Cuicatlán representaba una oportunidad para las mujeres en la venta de comida. Y así fue como doña Beatriz Avendaño Barbosa, abuela de Ofelia y Delfina, comenzó a vender empanadas, enchiladas, tacos y atoles.

Pronto, la comida de doña Beatriz gustó tanto que ella fue la elegida para preparar los alimentos a los trabajadores del ferrocarril. "Cuando el tren se paraba aquí, los garroteros y conductores venían por su comida y se la llevaban en sus portaviandas", recuerda la señora Delfina Genoveva Carrera Hernández, de 64 años de edad.
Su hermana, la señora Ofelia quien ahora cuenta con 75 años, admite que duele, y mucho, saber que el ferrocarril no volverá. Que se ha marchado para siempre.

tomellinvias"Nos ha dolido tanto... porque aquí hemos crecido, aquí hemos vivido. Fue una tristeza muy grande la que padecimos todas las personas que vivimos a orillas de la estación porque el ferrocarril le daba vida al pueblo y nosotros vivíamos de eso".
"Si el tren siguiera... sería una cosa maravillosa", dicen con un suspiro.

A la mente de doña Delfina Genoveva viene un episodio: "Cuando tenía 12 años ocurrió un temblor muy fuerte y la estación se cuarteó, por eso al siguiente año tuvieron que echar abajo una parte de la construcción y levantar una nueva".

Las hermanas Ofelia y Delfina están a cargo del restaurante "La Abuelita", llamado así para honrar a doña Beatriz que inició con el negocio. Este famoso local de comida abre sus puertas todos los días, frente a la vieja estación del ferrocarril.

Si de por sí ha sido difícil para esta familia vivir el abandono de la estructura ferroviaria, resulta más melancólico observar a pocos metros que la vieja estación es un basurero que empeora según la administración municipal que esté en turno.

Ahora, la estación tiene vidrios rotos, las protecciones de metal están colgando, luce despintada, rayada con palabras obscenas. Por dentro es un basurero: libros, electrodomésticos y vidrios, entre otros artículos, inservibles yacen tirados.
No hay quien rescate este espacio que, como lo señala doña Ofelia, bien podría ser un atractivo turístico en Cuicatlán. "No es justo que la estación esté en ruinas; es un espacio histórico que debe valorarse por todo lo que implica", añade.

Y a pesar de que no es su responsabilidad, ella ha hecho una oferta al Ayuntamiento de Cuicatlán: "que la autoridad pague unos botes de pintura y yo le pago a la persona que pinte toda la fachada, incluso la parte de adentro". Pero la respuesta no llega y quizá nunca llegará.

En algunos parajes de Cuicatlán, de manera inexplicable, se observa la falta de rieles y los habitantes desconocen el fin que tuvieron. En otros casos, decenas de estos fueron desmontados y apilados a orilla de carretera, a disposición de quienes se dedican a vender fierros viejos.

Curiosamente, nadie conoce las razones por las que faltan rieles y mucho menos quiénes son los responsables. Pese a ello, esta situación no se compara con el saqueo infame que se ha documentado en San Pedro Chicozapotes.

Saqueo
roboviasEn diversos parajes de San Pedro Chicozapotes el robo de estructura ferroviaria ocurrió a la luz del día. Ahora, nadie sabe qué fue lo que sucedió, quién lo ordenó y quiénes ejecutaron el plan.

Sin embargo, de acuerdo con reportes del diario Reforma, el ex secretario técnico del Poder Ejecutivo y ex coordinador de Planeación del Gobierno de Ulises Ruiz, Bulmaro Rito Salinas, vendió a nombre del gobierno de Oaxaca rieles de la vía del ferrocarril por 19 millones de pesos.

Según información del cotidiano de circulación nacional, Rito Salinas recibió en nombre del gobierno estatal 19 millones 200 mil pesos por el material ferroso que se ubicaba en el ramal Tehuacán-Oaxaca.

"El vendedor tiene la capacidad legal para celebrar el presente convenio, ya que se hace constar la necesidad de disponer de los terrenos que ocupen actualmente dichas vías del ferrocarril para obras de interés social que benefician a los habitantes de este estado", estipulaba el contrato al que Reforma tuvo acceso.

El presunto comprador del material ferroso es identificado como René Vázquez Arreola, pero en el convenio no se precisan más datos.

Cuicatlán y San Pedro Chicozapotes son identificados por la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) como algunas de las comunidades donde se presentan los tramos de vía más afectados por el robo de estructura.

La dependencia federal precisa que existen tramos de vía desarmada y con faltante de rieles, durmientes, placas, planchuelas, tornillos, árbol de cambios y clavos, "siendo la principal causa el desmantelamiento y robo de materiales por personas ajenas a la SCT y/o a la concesionaria", según difunde en respuesta a una solicitud de acceso a la información.

En un recorrido realizado por ruta135 se constató que en San Pedro Chicozapotes, en el tramo San Pedrito, el desmantelamiento del material ferroso se efectuó con cautela para no dejar ningún rastro del saqueo.

En poco más de un kilómetro de vía, el grupo responsable de levantar la estructura ferroviaria habría utilizado maquinaria pesada para facilitar la extracción de material y su transportación a un lugar desconocido.

Pero a pesar del esfuerzo realizado para no dejar rastro, son visibles clavos, placas y durmientes apilados en dos terrenos cercados con alambre de púa. En otros tramos se observan decenas de rieles acumulados listos para su transportación. Algo similar ocurre en algunos parajes de Cuicatlán.

En esta misma zona, para cubrir el robo de material ferroso, revistieron el terreno –superior a un kilómetro– con arena y tierra, e incluso, ahora aquí en San Pedrito se escucha con frecuencia el trotar de los caballos durante las carreras que los pobladores organizan.

desmontadasDe acuerdo con la SCT, la Unidad de Asuntos Jurídicos ha presentado ante la Procuraduría General de la República (PGR) las denuncias correspondientes en tiempo y forma ante quien resulte responsable por el robo de la estructura ferroviaria.
Tomellín: los aliados

Esta agencia municipal, famosa por albergar la estación de ferrocarril más grande de la zona, está dispuesta a defender al precio que sea necesario el material ferroso que ha quedado disperso. Una de las últimas veces que salieron a la defensa de lo que consideran su único patrimonio colectivo, corrieron a piedrazos a un grupo de vivales que desmontaba estructuras de acero.

En 2002, un convoy con personas presuntamente de una empresa nacional arribaron a Tomellín presentando documentos apócrifos a las autoridades locales donde aseguraban tener indicaciones de resguardar el material ferroso, por lo que procederían al desmantelamiento del taller mecánico.

La reacción de los habitantes fue algo tardía, pero eficaz. En cuestión de minutos se organizaron con palos y piedras para defender aquel patrimonio. La señora Margarita Ojeda fue una de ellas, y aún lo recuerda: cuando supimos que estaban destechando el taller nos unimos con la gente del pueblo y fuimos para allá, con piedrazos bajamos a esos hombres, ahí estuvimos defendiendo lo que es del pueblo".

A pesar de la movilización de los pobladores, los forasteros ya habían subido un tanque de agua a un tráiler y lograron llevárselo.

Doña Zenaida Paz León, una mujer de 70 años de edad, lamenta con lágrimas imparables que no hayan podido detener el robo del tanque de agua. Su amor por la estación del ferrocarril se debe al recuerdo que tiene de su hijo José Manuel Núñez Paz, empleado en la estación y conocido camarógrafo en Tomellín, quién perdiera la vida apenas hace un año.

"Yo anduve en los vagones durante 42 años vendiendo comida, cuando el tren se fue, el gobierno nos quitó nuestra única forma de vivir", dice furiosa.

Lo mismo piensa la señora Salomé Hernández, de 71 años. Sentada afuera de su domicilio en una silla de ruedas, a solo un metro de la vía, rememora lo bien que les iba cuando el ferrocarril rodaba sobre la vía corta: su esposo era el peluquero de pasajeros y trabajadores y ella se dedicaba a la venta de alimentos.

Cuando las máquinas de acero dejaron de recorrer la zona "ya no había nada que hacer". Sus cinco hijas tuvieron que salir de Tomellín porque ya no era posible ganar un solo peso. Tres de ellas se fueron a vivir a San Francisco Telixtlahuaca, una a Suchilquitongo y otra en San Pablo Huitzo.

Un pueblo a la defensa
tomellinagenciaEn torno al agente municipal de Tomellín, Mateo Arenas Rodríguez, se ha unido todo el pueblo para defender lo que queda del ferrocarril. Aquí le reconocen su esfuerzo por organizar periódicamente a la gente para realizar el tequio comunitario, limpiar el perímetro de las vías y concentrar los vagones que quedaron lo más cerca del centro de la localidad.

"De aquí no se llevarán nada", advierte firme. De ocupación maestro, Mateo asegura que su ideología es "todo por el bien del pueblo", y lo que queda del ferrocarril en Tomellín, es del pueblo.

Desde 2009, cuando comenzó su mandato, estableció que los habitantes tenían que cuidar todo el material ferroso para heredarlo a las nuevas generaciones.

"Le he tenido mucho amor al ferrocarril porque mi mamá vendía productos, como las demás amas de casa, y así nos pudo dar estudios y de comer. Por eso vamos a defenderlo y a cuidarlo, porque es parte de nuestras vidas", expresa con semblante triste.

La cruzada que inició para frenar el robo de estructura ferroviaria ha dado resultado. En la cárcel municipal mantienen resguardadas grandes cantidades de material ferroso que han decomisado a extraños cuando intentan salir de la agencia municipal.

Los mismos habitantes emiten la voz de alerta cuando observan a sospechosos sobre las vías, y los compradores de fierro viejo saben ahora que deben pensar dos veces si quieren pasar por Tomellín.

Mateo Rodríguez advierte que si Ferrosur quiere llevarse las vías, primero deberán comprometer y ejecutar un proyecto turístico, para que Tomellín vuelva a ser el mismo de antes: un pueblo autosuficiente con la derrama económica. "De otro modo, que ni lo sueñen".

En tanto el Tribunal Federal de Justicia Fiscal y Administrativa resuelve qué sucederá con el juicio de nulidad promovido por Ferrosur para no hacerse responsable de la vía Tehuacán-Oaxaca, San Juan Bautista Cuicatlán y San Pedro Chicozapotes tienen dos opciones: seguir los pasos de Tomellín y defender la estructura ferroviaria o permanecer indiferentes y truncar cualquier posibilidad de que el gigante de acero vuelva a rodar por las montañas de la Cañada.

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